5.2.13

¡Feliz Año Nuevo!



Si pudiéramos analizar fríamente todo lo que esconde esta frase, tantas veces escuchada, nos daríamos cuenta que esas tres palabras tienen un hondo significado, que no terminaríamos nunca de hallar el verdadero trasfondo que ellas encierran: Anhelos, ilusiones, esperanzas, amores nuevos y olvidados, deseos de cambio. Tomar decisiones que nunca hicimos, propósitos de enmiendas. Análisis de los 365 días vividos y entre los cuales nos damos cuenta que la mayoría de ellos han pasado sin habernos animado a cambiar. Verdaderas ocasiones de ser felices, momentos inolvidables que nunca volverán, que hemos dejado escapar de nuestras manos…

Trato de recordar muchos fines de año y cuán diferentes son unos de otros. Algunos significaron mucho para mí, que debieron quedar detenidos en el tiempo. Otros que no quiero recordar. Dolorosos, oscuros, llenos de tristezas infinitas… Pero aún así, cada 31 de diciembre despierta en cada uno de nosotros lo que quizá hemos mantenido dormido dentro del corazón, bueno o malo, y nos aferramos a la esperanza del año que empieza, deseando desde lo más íntimo de nuestro ser, que la vida sea más buena, que nos trate con más amor, que en el mundo todo se transforme para el bien de nosotros y de todos los que verdaderamente amamos y aún más, para los desconocidos, cercanos o lejanos. Vivir en paz como Dios lo ha querido siempre, anunciándolo desde el día que llego a esta tierra convertido en hombre. 

Cronológicamente empieza un nuevo año, pero sólo es la continuidad de la vida que nos reta a seguir adelante. Es como tomar un descanso en un tramo de la escala proyectada al futuro de cada ser humano y llenarnos de optimismo. Sólo debemos mirar atrás para no volver a equivocarnos, sacar fuerzas de flaqueza para aprender a perdonar, mirar al hermano necesitado como al mismo Dios y con valor y decisión trabajar por nuestra patria ayudando desinteresadamente en lo que está a nuestro alcance y sobre todo amando a esta tierra que nos vió nacer.
 
Debemos, antes de que sea demasiado tarde, dedicarnos a cambiar, ahuyentando lo negativo que nos ha hecho daño, tratar de poner todo nuestro empeño y con el corazón abierto para ayudarnos mutuamente, para tratar de cambiar al mundo actual, para mirarlo diáfano, limpio, desarrollado y en paz, y así podérselo legar a las nuevas generaciones y que lo disfruten. Sobre todo los niños que empiezan a vivir, como muchos que han llegado en la reciente Navidad. Al igual que Jesús, ellos son las verdaderas promesas de un futuro de amor y prosperidad. 

Solo así podremos sentir la satisfacción de decir ...

¡Feliz Año Nuevo! 

Cucha

Diciembre del 2006

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