5.2.13

Semblanza a mi viejo abajo el puente



Sólo basta nombrarlo para imaginar calles adoquinadas, transitar de bellas calesas haladas por briosos caballos o el pasar de las carretas de gruesas ruedas de madera tiradas por humildes borricos.

Ventanas de rejas formando encajes de fierro que escucharon serenatas o coloquios amorosos. Perfumes de jazmín y madreselvas de gruesos troncos crecidos en los amplios jardines y cuyos ramajes se enredaban en las ramadas de las pérgolas y anchumbres de las viejas casonas limeñas.

Abajo el Puente, nombre poético y romántico porque nos hace actualizar el entrañable amor del Virrey Amat por Miquita Villegas. El Paseo de Aguas, erigido para el recreo de ella. La bella y majestuosa Alameda de los Descalzos, de rejas de fierro invalorables y bancas de blanco mármol, luciendo brazos redondeados, donde reposaban matronas y jovencitas, lo mejor de la ciudad de Lima; galanteos y floridos piropos de mozos enamorados.
Juegos infantiles de los niños que, como yo, gozamos de sus encantos.

Calle de la Condesa, donde transcurrieron mis primeros años, infancia feliz rodeada de amor y de un ambiente propicio que me ocultó el lado negativo de la vida.
Recuerdo mi despertar por el armonioso concierto del canto de cientos de gallos; ellos marcaban las horas del amanecer con regularidad cronométrica.

Pregones mañaneros de la lechera, y luego el frutero con su dulce cargamento, variado y tentador llenando éste las alforjas de un borriquito, su compañero inseparable.

El ruido del chirriar de las ruedas del tranvía que pasaba por la casa y, al medio día, el sonido retumbante del bombo que iba marcando el paso de la banda y la Guardia del Palacio, acantonados en el cuartel de Matamoros.

Tertulias familiares amenizadas por el toque del piano de las niñas de la familia, verdaderos conciertos con canto y armonioso toque de violín.
Conversaciones de los mayores de las que íbamos captando las historias familiares. El sabor de los dulces de almendras y mazapán.

Al atardecer, la hora del Angelus, momento de gran recogimiento con el rezo del Santo Rosario presidido por la persona de mayor edad o rango. Luego ya de noche el canto familiar del moreno quien portando un farolito en la mano y su costalillo al hombro, entonaba el esperado e inconfundible pregón: “Revolución caliente, música para los dientes, azúcar clavo y canela, para rechinar las muelas…” y cual conjuro, hacía que se abrieran las puertas de todas las casas cuyos moradores se apresuraban a comprarle su deliciosa carga que, consistía, en unos biscochitos duritos y calientes, deliciosos, aderezados con azúcar clavo y canela.

También al atardecer aparecían bandadas de golondrinas o “Santa Rositas”, llamadas así por el color y forma del plumaje que cual monjitas aladas se apresuraban a guarecerse en sus nidos escondidos entre muros y tejados.
Relatos de fantasmas y aparecidos que nos ponían la “la carne de gallina”, unidos al lúgubre canto de búhos y lechuzas, aleteos de murciélagos y el esperado y temido aparecer de las brujas, de los que muchos contaban que convivían con ellos.

Domingos de fiesta taurina y paseos a la Pampa de Amancáes. Sabor criollo y jaranero en los callejones y solares de Malambo y la Alameda de los Bobos. Lugar de tradición y fe profunda, sobre todo en las procesiones de la Patrona del templo de San Alfonso, fiesta que empezaba con la Misa mañanera y luego el famoso desayuno servido por las morenas de blancas cofias y albos delantales, en las ramadas levantadas al frente del templo. El desayuno consistía de humeantes tazas de chocolate, tamales y panes con chicharrón. Día de gran alegría en el cual los vecinos adornaban sus moradas con guirnaldas de flores multicolores.

Arrullado por el cristalino cantar del río hablador, pasabas tus días tranquilo y apacible, al igual que tus moradores. Barrio de mi infancia, Abajo el Puente de mis recuerdos. Fui tan feliz recorriendo tus calles y plazas que siempre te recuerdo como si algo de mí y de ti hubieran quedado prendidos en el tiempo, imborrable, inolvidable…

Cucha

Febrero de 1990

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

El cumpleaños 95 - La Celebración